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La organización social
Las sociedades de la Edad Moderna eran sociedades estamentales, corporativas, desiguales y discriminatorias, basadas en el reconocimiento de innumerables privilegios, en las que las relaciones clientelares y de patronazgo tenían suma importancia.
Excepto unas pocas repúblicas, la mayoría de los sistemas políticos eran monarquías absolutas en las que el rey se consideraba a sí mismo representante de Dios en la tierra.
Se producían ascensos pero normalmente con muchas dificultad, a lo largo de mucho tiempo y con un recorrido corto. El dinero facilitaba el acenso social, pero por sí mismo no lo garantizaba. En época de crisis fue más fácil descender que ascender.