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Los frenos de la violencia (2)
Generalmente la carencia de instrumentos represivos del grupo dirigente le inducían a adoptar posturas conciliadoras.
La Corona no solía respaldar una represión dura por parte de las autoridades locales. Cuando los Ayuntamientos tomaban represalias por su cuenta los tribunales reales los procesaban.
La represión de la rebeldía popular acabó siendo competencia exclusiva de la Corona.
Cuando los tumultos se estaban produciendo la iglesia pasaba a un primer plano. Los clérigos sacaban las custodias en procesión por las calles, exigiendo, “en el nombre de Dios consagrado” que la gente volviese a sus casas.