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La Diplomacia (3)
La idea de la embajada está estrechamente vinculada a los principios de soberanía y legitimidad. De hecho los periodos de crisis y de guerras civiles erosionan el poder y la soberanía, en consecuencia las acreditaciones diplomáticas se vuelven delicadas.
El envío de una misión de representación ante un gobierno revolucionario implica un cierto reconocimiento. Tal pasó con las revoluciones inglesas de 1642-1660 y de 1668, o con los gobiernos secesionistas de Cataluña y Portugal a mediados del siglo XVII.
La codificación y la jerarquización de las funciones diplomáticas se efectúan progresivamente en el curso de la Edad Moderna.
En el siglo XIV se distingue todavía entre el embajador, encargado de negociar y depositario de carta credencial, y el enviado que no posee documento acreditativo y simplemente es “la fiel voz de su señor”.